Existen dos tipos de espina bífida, la espina bífida oculta y la espina bífida quística. En el caso de la espina bífida oculta la alteración no suele ser muy notoria y los síntomas no suelen ser tan severos y perceptibles. Tanto así, que existen personas que se enteraron de que la tenían cuando fueron adultos.
La afección más común suele ser la espina bífida quística, que por desgracia suele ser también la que trae mayores riesgos, problemas y secuelas. Por lo general suele afectar a las funciones locomotoras, problemas genito-urinarios, provoca dificultades en la visión, la memoria e incluso puede desembocar en una parálisis, pérdida de la sensibilidad y fuerza en los miembros inferiores.
Sin embargo el 98% de los casos pueden ser evitados por la madre. Con sólo consumir un nivel adecuado de folatos o ácido fólico. Los alimentos que contienen ácido fólico en grandes cantidades son las lentejas, el hígado de pollo y de res, las espinacas, la soja, los espárragos, y los cereales entre otros.
Sin embargo, hay que considerar que para evitar por completo ésta afección es conveniente que la madre consuma un nivel adecuado de folatos 3 a 6 meses antes de la concepción y hasta 6 meses dentro del periodo de gestación.
Por lo que es recomendable que mujeres en edad fértil y que esperen quedar embarazas lleven una dieta sana. Si ya estas embarazada, consulta con tu médico de cabecera lo antes posible para que puedas consumir suplementos de ácido fólico y prevenir la espina bífida.