Lactancia artificial

lactancia artificial

La lactancia materna es sin duda la más adecuada, pero si a pesar de sus reconocidas ventajas, la mujer opta por alimentar a su hijo con leches artificiales, dispone de un amplio abanico de opciones y variedades en el mercado.

Como norma general, la cantidad de leche que tiene que tomar el lactante dependerá de la demanda sin someterle a otros condicionantes que no sean su propia fisiología. Pero siempre viene bien tener una guía o esquema de alimentación recomendable desde el nacimiento hasta los seis meses de vida.

El apetito del bebé no es uniforme y, por tanto, el volumen que ingiere el niño en cada toma no será siempre el mismo. Por éste motivo, no se puede forzar al lactante a tomar una cantidad determinada.

La leche comercializada que se utiliza para los recién nacidos procede originalmente de la desecación completa (en polvo) de la leche de vaca, pero además, está modificada y diseñada para ajustarse lo más posible a la leche de la madre y que sus componentes no produzcan alergias al bebé.

Se les denominan “fórmulas adaptadas” (se adaptan a las características de la leche materna). Los fabricantes ponen especial empeño en denominarlas “fórmulas humanizadas” o “leches maternizadas” pero la leche de la madre no se podrá imitar totalmente, porque es un producto vivo (contiene cédulas y anticuerpos que no se pueden conseguir de manera industrial).

Por otra parte, la leche de la madre cambia en sus características y composición durante todo el tiempo de la lactancia, cambia a lo largo del día (hay laboratorios que han lanzado al mercado leches infantiles de inicio para el día y para la noche), incluso cambia en su composición en cada toma.

Por eso, la nutrición infantil es una ciencia compleja sometida a continua revisión y los laboratorios que se dedican a fabricar leches para recién nacidos y lactantes, se basan en las normas que publica el Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica (ESPGAN). Sus informes, establecen los límites mínimos y máximos en que deben encontrarse los componentes de las leches artificiales.

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