Es casi una regla que la ropa de los niños, sobre todo de los recién nacidos, sea azul para los niños y rosa para las niñas. Pero esta “moda” no sólo se aplica a la ropa, también a los accesorios, juguetes y en la decoración de su habitación.
Esta tradición se remota al siglo V cuando la tasa de mortalidad de los niños varones era más alta que el de las mujeres. Durante ese tiempo se empezó a creer que la causa de tantas muertes de niños era porque los espíritus malignos visitaban las cunas de los infantes y se llevaban a los niños.
Dado que en esa época un niño varón era más preciado, comenzaron a vestirlos de color azul, ya que se creía que el color azul era un color que provenía del cielo y tenía poderes protectores que ahuyentarían a los demonios y de esta forma protegerían su vida.
A partir de ahí se adoptó el color azul para los niños, sin embargo las niñas carecían de un color que las identificara. Hasta finales del siglo XIX fue que se asoció el color rosa para las niñas, ya que este color se relacionaba con la Tierra y la salud.