En el segundo trimestre de embarazo, el feto crece tanto que dobla su talla, por eso la futura mamá debe aumentar progresivamente las calorías hasta llegar a las 2.500 diarias. Lo mejor es que este incremento proceda de alimentos que proporcionen hidratos de carbono complejos, puesto que ayudan a mantener la actividad muscular, la temperatura corporal, la tensión arterial y el correcto funcionamiento del intestino.
Esta clase de carbohidratos nuestro organismo los descompone lentamente y los almacena para cuando necesita su energía. Están presentes en las pastas, el arroz y los cereales. Si, por el contrario, optas por hidratos de carbono simples procedentes del azúcar, como pasteles y dulces, lo único que conseguirás son calorías vacías que se transformarán en grasa.
Además, ahora la placenta crece bastante y aumentan los vasos sanguíneos que hay en ella. Para esta función tu organismo debe contar con buenas reservas de hierro, mineral imprescindible para la formación de hemoglobina. Por eso, debes combinar alimentos ricos en este mineral (carnes rojas y moluscos) con otros que posean abundante vitamina C, que facilita su absorción.