Tus necesidades calóricas siguen siendo las mismas que antes del embarazo, pero debes empezar a habituarte a incluir en tu menú ingredientes saludables.
Tu organismo tendrá que trabajar duro para alojar al embrión y la placenta. El bebé, aunque crece día a día, aún no precisará grandes aportes nutricionales (todavía es muy pequeño). Pero la carencia de algunas vitaminas, como la B9 o ácido fólico, puede provocar el desarrollo de defectos del tubo neural. Por eso, desde que te planteaste quedarte embarazada y hasta que finalice el primer trimestre, además de tomar suplementos de esta vitamina, deberás tomar alimentos ricos en ella, como las verduras de hoja verde.
En el embarazo los requerimientos de yodo están especialmente elevados. Este mineral es imprescindible pues si el organismo de la madre es deficitario, las hormonas tiroideas, que intervienen en el crecimiento fetal, no funcionarán correctamente. Para conseguir la cantidad de yodo adecuada, toma mucho pescado, emplea sal yodada y suplementos de este mineral.
Para el crecimiento y el desarrollo del bebé tu organismo tiene que formar nuevas estructuras, como la placenta, por eso es muy importante que los alimentos ricos en proteínas formen parte de la dieta de la embarazada. Lácteos, carne, pescados, huevos, legumbres y frutos secos proporcionan las proteínas necesarias.