Traga líquido amniótico
Entre las semanas 10a y 12a de vida en el útero, el bebé es capaz de abrir la boca para beber un poco de líquido amniótico. Su nariz también inhala una pequeña porción. Sin embargo, sólo deglute una parte que llega justo hasta sus ríñones. El resto lo expulsa por la boca y la nariz.
Duerme casi todo el día
Cuando los especialistas en sueño observan el ritmo cardíaco, los movimientos oculares y los miembros del feto aseguran que éste duerme las 24 horas del día. Y, sin embargo, se mueve. La razón estriba en que “nada” física y psicológicamente, dentro del líquido amniótico, y se encuentra en un estado de permanente somnolencia. Flota al compás de los movimientos maternos y de algunos actos reflejos hasta la 28° semana de embarazo.
Un sueño muy movido
A partir de esta etapa, pasa la mayor parte del día durmiendo, pero su sueño es muy agitado: intercala momentos de calma, en los que su corazón late más lentamente y su cuerpo reposa, con otros de mayor movimiento. Los tiempos de actividad y de calma van y vienen sin que exista una regularidad en esta alternancia. Los investigadores consideran que las secreciones hormonales de la madre, la cantidad de glucosa que le aporta su sangre e incluso su ritmo de vida influyen en sus períodos de tranquilidad o agitación. De hecho, en todos los fetos se aprecia un período de intensa actividad entre las nueve y las doce de la noche, momento que coincide con una elevada secreción de cortisol en los adultos. Curiosamente, el cuerpo de la madre fabrica esta hormona para predisponerla a dormir, pero, sin embargo, excita a su bebé.
Alrededor del octavo mes de vida intrauterina, el feto comienza a alternar, con cierta regularidad, fases de sueño agitado y sueño relajado. En la mayoría de los casos, se produce una mayor proporción de sueño agitado, casi un 65 por ciento en relación con fases tranquilas. Sus ojos se mueven bajo sus párpados, su cuerpo revolotea y gesticula repetidamente.
Se mueve a todo ritmo
Al principio del tercer mes, el bebé comienza a agitar todas sus extremidades, lenta o rápidamente, plegándolas y volviéndolas a estirar durante algunos segundos. El feto comienza, además, a revolotear, cambiando de posición en menos de dos segundos. Para llevar a cabo esta rotación del cuerpo se aprovecha de los movimientos de pedaleo automático que han empezado a ejercer sus piernas. Estos movimientos tienen unas funciones esenciales: facilitan la circulación de la sangre a nivel de la piel y ayudan a que el cuerpo cambie de postura para no generar alteraciones.
Otra de sus habilidades es la de atrapar todo aquello que se pasea delante de él: así, en algunas ecografías, puede apreciarse cómo agarra con las dos manos el cordón umbilical. A partir de las semanas 20-22, se mueve en casi cualquier momento del día.
El día a día de tu bebé en el vientre materno (Parte 2 de 3)